martes, 9 de junio de 2009

Señorita Lujuria.


Lujuria vestía con mi piel de siete a doce. Todas las noches en la misma esquina tramaba la fabulosa idea de seducir al vecino (casto por expiación).
Lujuria coqueteaba con guiños a la casualidad, si se le antojaba se acostaba con un hombre, mañana con un niño, daba igual, daba igual. Nunca se enamoró, no tenía tiempo para esas fanfarronerías, para ella todo era fiesta y vida, vida que besaba con sus labios de puta fina. Oh, Lujuria, tienes el tacto más exquisito que he sentido en mi existencia, masturbas mis pensamientos sobre colchones de deseo, y con el falo erecto —vale la pena hacer mención que aún cuando tu nombre denota género femenino, a veces te conviertes en hermafrodita— penetras el santuario de cuanta dama beatificada se te cruza en el camino.
Oh, Santa Naturaleza de los benditos mundanos, porqué enamorarme de una gran sin vergüenza que se viste con mis pieles para después votarme desnuda en cualquier cama.

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Fotografía de M. C. (2009).

2 comentarios:

  1. Duerme en mi cama, y luego me olvida, desarreglada-puta-servida.

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  2. Vale la pena ser el vaso con panela de una lujuria cualquiera.

    Pero si lujuria ´ninfeta y recabrona´ fuera como la Julieta de Montesco...

    Preferiría verla muerta con su maldito puñal mientras termino mi refresco.

    Da lo mismo ser un párvulo entre las piernas de una dama que un pobre diablo con las ganas sumidas en las nalgas de lujurias sabatinas.

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