sábado, 13 de junio de 2009

Visitas Inesperadas

Te encaminarás hasta la puerta. Y te detendrás al escuchar voces al otro lado. Serán voces que sonarán amigables al principio. Identificarás la dulce voz de tu marido. Pero luego te cuestionarás por la otra voz ronca. Pensarás: “¿De quién podrá ser? A estas horas de la noche es raro que lleguen visitas…”. Continuarás escuchando con curiosidad detrás de la puerta. Inocente curiosidad que, poco a poco, se convertirá en morbo. Luego, el de la voz ronca ofenderá a tu marido. Éste se defenderá con un comentario todavía amistoso. Pero el otro atacará nuevamente con un tono sarcástico que incomodará a tu esposo y a ti. Tu esposo le dirá con un acento mal fingido que no le importa lo que le diga. Pero el otro reiterará su agresión con un nuevo comentario que desembocará en lo más hostil que jamás hayas escuchado. Tu marido, que hasta entonces intentaba no molestarse, subirá el tono y sonará como si hubiese golpeado con el puño cerrado sobre la mesa. Una risa bronca e irónica empapará ambas habitaciones. Tu esposo pedirá que se tranquilicen pero será demasiado tarde porque empezarán a oírse salvajes estrujones.
Tu rostro será un enorme signo de interrogación. Te preguntarás, nuevamente, quién podrá ser el dueño de tan perturbadora voz. Pensarás que es necesario que entres antes de que uno de los dos salga muerto a golpes… o a palabras. Y sabrás, con seguridad, quién podría llevarse la peor parte. Así que colocarás temerosamente la mano sobre la cerradura, mientras continuarás oyendo estrujones, cada vez más fuertes. Oirás que murmuran con desesperación. Luego, una nueva risotada áspera y desagradable. Girarás la perilla de inmediato y arrojarás con toda tu fuerza la puerta. Te sorprenderás al darte cuenta de que allí solo se encontrará tu esposo. Y te volteará a ver precipitadamente, muy asombrado, pero no más de lo que tú estarás. Él, moverá sus manos sobre su cabello intentando acomodarlo. Hará lo mismo con su ropa. Y al final, te obsequiará una mueca retorcida que te aterrará aún más que la charla que escuchaste detrás de la puerta.

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